
La noche del pasado martes, el Teatro Roxy de la ciudad costera argentina Mar del Plata fue el escenario de un concierto singular que, hasta hace unos años, parecía totalmente inverosímil.
El presidente de la República Argentina, Javier Milei, subía al escenario para interpretar “El Rock del Gato”, tema de los Ratones Paranoicos, banda de rock argentina ochentera, mientras la región de la Patagonia sufría incendios forestales que consumían cientos de hectáreas de bosque.
¿En qué momento esta escena, que pareciera sacada de la serie o película de moda, se convirtió en parte de la realidad de la política latinoamericana?, sobre todo en un país donde la investidura presidencial tiene una tradición fuertemente marcada por los simbolismos, como lo es en nuestro querido México.
Cada vez con más frecuencia podemos ver en todo el mundo la simbiosis de personajes con atributos idóneos para el mundo de la farándula al frente del Ejecutivo de países con gran peso geopolítico. Nuestros vecinos del norte tienen su propio caso en un personaje que hasta hace unos años aparecía en el éxito taquillero noventero “Mi Pobre Angelito” y en el ring de lucha libre de la “WWE”, el equivalente gringo de la Triple A, dando un show que nada le envidia a las viejas rivalidades que vimos entre el Perro Aguayo y los Hermanos Dinamita.
¿Estamos acaso ante una nueva forma de hacer política?, ¿una en donde el entretenimiento lo es todo? Así lo plantea el sociólogo y teórico de la comunicación Neil Postman en su libro Divirtiéndonos hasta la muerte: el discurso público en la era del espectáculo. Ahí menciona que, ante el auge de la televisión como medio de comunicación masivo, el discurso público cambia (en la política, la religión, la información y lo comercial), haciendo a una sociedad menos consumidora de los medios impresos y, por consiguiente, con menor pensamiento crítico. Estamos, pues, ante el surgimiento de la sociedad del entretenimiento.
Leer y escribir nos obliga a pensar de manera ordenada. La cultura del entretenimiento en la que estamos inmersos actualmente altera este proceso, al presentar cualquier tema como mero espectáculo. Hoy esta teoría parece más viva que nunca, y no precisamente debido al televisor, sino en un mundo donde pasamos alrededor de ocho horas frente a nuestros teléfonos, consumiendo todo tipo de contenidos en redes sociales y convirtiendo todo en entretenimiento perpetuo.
Debido a ello, parece que cada vez estaremos más obligados a escoger entre personajes que busquen entretener audiencias, más que ofrecer soluciones reales a los problemas que aquejan a nuestra sociedad. La pregunta es: ¿faltará mucho para que en México tengamos nuestra propia versión tropicalizada de este tipo de figuras? De cierta manera ya lo vivimos en el sexenio pasado, con un presidente sumamente enfocado en qué decir o hacer en su conferencia mañanera para manipular el discurso social (lo que diga mi dedito, el pañuelito blanco y el famosísimo detente, entre muchas otras frases).
A favor de Milei puedo decir que, sin duda alguna, la está pasando genial en su mandato presidencial; no creo que el pueblo argentino lo esté haciendo de la misma forma.
¡Gracias!
Nota final: Y agárrense con el surgimiento de la inteligencia artificial generativa.
